Archivos para el mes de: julio, 2012

Ilustración de ROBOTV

Mañana (miércoles 25 de julio a las 8.15 PM, Sala Blanca Varela) estaré presentando la edición peruano (Borrador Editores) – mexicana (Librosampleados) de mi novela El círculo de los escritores asesinos (2005) en la Feria Internacional del Libro de Lima (Parque de los próceres en la Av. Salavery, Jesús María). Me acompañarán los narradores Augusto Higa y Francisco Ángeles. Para calentar motores, aquí les dejo un fragmento de la novela narrada por Casandra, la femme fatale del grupo. Es una parte que disfruté mucho escribiendo. Quiero agradecer al artista ROBOTV por la ilustración. Sus magníficos dibujos los pueden encontrar en esta web

Si estás en Lima, ¡nos vemos mañana!

D.

***

MIL NOVECIENTOS NOVENTA Y SEIS

Cuando pienso en mi familia asoma el recuerdo de una madre inútil y de un hermano matón. No pienso mucho en ellos pero, si lo hago, me veo en el Regatas Lima en una tarde cualquiera de verano. Mi padre cuenta chistes de homosexuales y sé que se acuesta con la mujer de su socio (una señora atractiva y mucho menos idiota que mamá). Tengo muchos pretendientes, todos blancos y espigados (en el club, los negros y los serranos entran sólo con uniforme), y dos amigas que envidian mi belleza y mi sinceridad. Sé que mi tío Manolo siempre me ha deseado. Es el único soltero de la familia de mi madre y al único al que puedo soportar. Mi hermano abusa de un chico afeminado que se ha enamorado de él. Se llama Miguelito y será un gran artista. Sospecho que Nicolás le ha mostrado sus partes en el baño (seguro se abrió la toalla y le puso en la cara su pene fláccido). Miguelito está confundido. Miguelito hace sufrir a su padre cuando el mío cuenta sus chistes y todos sus amigotes se ríen. Los amigos de mis padres son todos católicos. Los únicos que no creemos en nada somos mi tío Manolo y yo (pero en mi familia nadie lo sabe). Voy a misa todos los domingos. El cura de la parroquia es amigo del cardenal. El cardenal es famoso porque dijo en una homilía (¿o fue en la televisión?) que «los derechos humanos son una cojudez». Mis padres se reúnen con los miembros del Opus Dei de vez en cuando. Recuerdo que la última vez, mi madre estaba muy contenta porque había propuesto una obra de caridad para ayudar a los más necesitados del país. Lo recuerdo bien porque fue el mismo día que le dijo a Mercedes que era una «chola analfabeta». Mercedes es de Huánuco y tiene un uniforme negro que mi madre la obliga a ponerse. Dice que se ve mejor y que así la convivencia es menos conflictiva. Mercedes no sabe leer. A ella le gustaría estudiar pero mis padres no la dejan. No quieren que vaya a la escuela nocturna porque dicen que se va a embarazar. Mercedes tiene unos ojos preciosos y dice que nunca llora. Nicolás la llama chola por las mañanas y por las tardes, pero sé que por las noches la espía cuando se baña. Mercedes me cuenta leyendas y mitos de su tierra cuando mamá se ha ido con sus amigas del Opus. Me dice que trabaja con nosotros porque tiene que enviar dinero a Huánuco. Lo que más le gusta es irse con mis padres a la casa de playa en Asia. Tiene unas ganas locas de bañarse en la piscina, pero las reglas dicen que las empleadas domésticas no pueden ponerse ropa de baño. Yo nunca voy a Asia. Cuando mis padres se van a la playa, me voy al cine. Miguelito me acompaña a la Filmoteca (ninguna de mis amigas del colegio conoce el Centro de Lima) pero, a veces, voy sola (a escondidas de papá). Mi tío Manolo me invitó una vez al cine. Vimos La cérémonie de Claude Chabrol.[1] La película me impactó mucho. En ella, Sophie, una empleada doméstica iletrada y su amiga Jeanne, la dependienta de una oficina de correos, asesinan a la familia rica de la casa en la que trabaja Sophie. Les disparan a sangre fría mientras están mirando una ópera en la televisión. Recuerdo que esa noche soñé que Mercedes nos asesinaba a tiros. Luego se ponía la ropa de baño inglesa de mamá y se metía en la piscina para limpiarse nuestra sangre. La película de Chabrol también me hizo pensar mucho en mi tío Manolo. Mi madre siempre dice que es la oveja negra de la familia, un vago mantenido y un artista segundón. He visto los cuadros de mi tío y puede que, en lo último, tenga razón. A mi mamá le hubiera gustado que mi tío tuviese talento. Siempre afirma que su hermano ideal sería Alfredo Bryce Echenique. Tiene todas sus novelas y dos de sus amigas le han prometido que, cuando venga a Lima, si no está borracho, se lo van a presentar. Mi papá, por el contrario, no lee ni por error. Mi hermano menos. En el colegio, todas las chicas han leído a Jaime Bayly y les encanta. Mi tío Manolo me ha dicho que mejor no lo lea y me ha regalado, a escondidas, Under the volcano de Malcolm Lowry.[2] La novela de Lowry también me hizo pensar en él. Tuve un sueño el otro día: mi tío Manolo me llevaba a la Filmoteca para ver una película de Bergman (¿El séptimo sello?, ¿Las fresas salvajes?); era un filme que ya habíamos visto (¿Gritos y susurros?, ¿Sonata de otoño?, ¿Persona?), pero no importaba. En la sala no había nadie. Como mi tío siempre ha sido un hombre tímido, fui yo la que le pedí que me besara. Cuando lo hizo, cerré los ojos con fuerza. Al abrirlos, mi tío había desaparecido y, en su lugar, besaba a Miguelito que me agradecía mi afecto pero me decía, llorando, que estaba enamorado de Nicolás. Mi herma- no una vez le pegó en el Regatas «por rosquete». Mi padre le pidió disculpas hipócritas al papá de Miguelito y, luego en casa, estuvo bromeando al respecto. Mi papá quiere mucho a Nicolás, para él es su orgullo. A mí me llama princesa y a mi hermana Andrea, conejito. Estamos en el año mil novecientos noventa y seis y tengo dieciséis años. En el año noventa y siete, Mercedes será despedida de la casa. Un conocido de papá la ayudará a abortar al bebé de Nicolás y luego le darán un boleto de bus para que regrese a Huánuco. En el noventa y ocho, mi tío Manolo se ahorcará en su estudio y me dejará una carta de amor que nunca leeré. ¡Eric Rohmer estrenará su Conte d’automne![3] En el noventa y nueve, dejaré de ser la princesa de mi padre y me iré a vivir sola en Miraflores. Mi hermano atropellará ebrio a un hombre, pero nunca irá preso. Meses más tarde, será internado en una clínica de desintoxicación. Mamá conocerá, por fin, a Bryce Echenique y papá y sus amigos dejarán de ser fujimoristas. En el año dos mil, conoceré a Matías en una fiesta de Sociología de la Católica. Caerá la dictadura y el papá de Miguelito irá preso. Conoceré también al Chato, a Larrita, a Ganivet y a Emilia en un bar mortecino del Centro de Lima. Pasaré a llamarme Casandra Parker. Crearé el Círculo en una noche de ebriedad y lo destruiré, dos años más tarde, en otra de locura. ¿Qué es el Círculo?, me preguntará Matías intrigado, ansioso, y yo lo responderé que es el horror, Matías, el Círculo es el horror…


[1] La cérémonie (1995) de Claude Chabrol.

[2] Under the vulcano (1947), novela de culto de Malcolm Lowry, el verdadero escritor maldito de la literatura inglesa.

[3] Conte d’automne (1998) de Eric Rohmer.

Una de las paradojas de lo que, exagerando, denominaré la Efervescencia literaria Marca Perú, es el crecimiento inversamente proporcional de libros, escritores, talleres y editoriales en relación con lectores, críticos y suplementos culturales.

Si los primeros gozan de buena salud y aspiran al superávit, los segundos fenecen sin asco o llevan ya sobre la frente el óleo del enfermo terminal. La mayor de las tragedias de narradores y poetas con un libro recién salido del horno —tragedia que deviene en catástrofe cuando son debutantes o escritores renombrados pero excluidos del circuito librero— es la ausencia de un espacio en el cual puedan ser leídos y comentados con algún rigor. En su gran mayoría terminan siendo emisores sin receptor: sus obras son compradas por amigos y familiares, la perspectiva de que una persona ajena esté interesada en leerlos y reseñarlos es simplemente nula.

La causa principal de esta penosa situación es que, salvo los blogs de dos o tres samaritanos literarios, en la prensa peruana no hay donde ejercer la crítica de libros. Salvo Javier Ágreda de La República y Ricardo González Vigil de El Comercio, cuyas columnas no tienen la regularidad que merecen, la verdad es que los críticos literarios de la prensa han sido exterminados por esa curiosa política editorial que observa a la cultura como un mal menor.

Sin críticos ni reseñas ni lectores ni suplementos, ¿cómo justificar, entonces, esa Efervescencia literaria Marca Perú? ¿Cómo explicar que haya más gente interesada en la literatura cuando hay un serio cortocircuito entre producción y demanda? ¿O es un mito el aumento de proyectos editoriales independientes dentro y fuera de Lima? ¿O es ilusorio el auge de talleres de escritura de ficción y no-ficción que, más allá del nivel del tallerista, agotan sus vacantes y hasta tienen lista de espera? ¿O me imaginé que están apareciendo nuevas revistas y blogs y páginas con entrevistas y periódicos experimentales? Y ya en el límite de la Ciencia Ficción, luego del triste accidente que significó tener de invitado de honor al periodista argentino Luis Corbacho en la anterior edición (los amiguitos de la Cámara Peruana del Libro tienen una debilidad algo extraña y monstruosa por el humor involuntario), ¿cómo explicar el renovado y sincero júbilo por esta nueva Feria del Libro de Lima? ¿Será que el país invitado de este año es Argentina?

Ahora bien, aunque yo he leído y disfrutado los libros de algunos de los escritores invitados y puedo dar fe de su alto nivel, me pregunto sin ninguna malicia ¿cuántos de los asistentes habrán tenido acceso a las obras de Juan Sasturain, Claudia Piñeiro, Diana Bellessi, Martín Kohan, Guillermo Martínez, Félix Bruzzone, Eduardo Rinesi, Pablo Brescia, Miguel Bonasso, Olga Guillot u Horacio González? ¿Es posible suponer que, gracias a esta Efervescencia literaria Marca Perú, el público iría a la Feria del Libro de todas formas, n’importe quoi, así el país invitado de este año fuera Haití o Surinam?

Me aventuro a responder esta última pregunta de manera afirmativa. De la misma manera en que el entusiasmo por la literatura en el Perú aumenta y se fortalece aún cuando los aspirantes a escritores van a perder dinero, no van a ser leídos ni reseñados, y probablemente no sean tomados en cuenta si no tienen un amigo en los medios que les haga la gauchada de conseguirles una mísera mención en la página de espectáculos, el entusiasmo por la Feria del Libro no cesará así el próximo invitado de honor para inaugurarla sea Tongo.

Si esta curiosa bipolaridad está permitiendo que se generen proyectos interesantes, cabría preguntarse seriamente cuánto ganaríamos si empezamos a hacer las cosas con un poquito de sensatez, si modulamos con inteligencia esa Efervescencia literaria Marca Perú que, en estado bruto, ha conseguido mantener nuestra pequeña y curiosa escena literaria a flote.

No sería una idea descabellada empezar con una página de crítica de libros semanal que forme críticos, ayude a escritores, guíe a lectores y de alguna perspectiva a los libreros.

¿Quién de ustedes, santos editores de la prensa peruana, se atreve?


Leer en público no es algo que se estile mucho en Lima cuando no eres poeta. Ocurre en las presentaciones de libros pero no hay nada parecido a un circuito de recitales narrativos. Por esa razón, el evento que se celebrará mañana, viernes 20 de julio, en el Instituto Raúl Porras Barrenechea (Calle Colina 398, Miraflores) tendrá ese raro privilegio de lo inusual. Cuatro escritores peruanos, Alexis Iparraguirre, Marco García Falcón, Pedro Félix Novoa y yo, leeremos fragmentos de las novelas o cuentos que tenemos en marcha. Por mi parte, voy a leer pasajes de mi nueva novela BIOY.

Celebrando el evento de mañana y también la reedición de mi novela El círculo de los escritores asesinos este año en Perú (Borrador Editores), México (Librosampleados), Bolivia (Nuevo  Milenio) y Chile (Desatanudos), les dejo aquí un video con una lectura que hice este año en la presentación de la revista española Sibila en New York University. Es un fragmento de El círculo que habla sobre poetas que se suicidan toreando automóviles y en la cual el protagonista es el fallecido Carlos Oliva.

A los que estén en Lima, puedan y quieran asistir, nos encontramos mañana.

Modera: Jonathan Timaná. Promueve: Atalaya Editores.

ALTOPARLANTE es la sección de reseñas musicales y conciertos que, desde el presente número, escribo para la revista COSAS. Voy a subirla a BUENAS MALDADES con algún retraso (cuando ya esté a punto de salir la nueva edición). Este es un regreso a los orígenes porque yo empecé escribiendo sobre música en la revista CALETA. El próximo ALTOPARLANTE saldrá en COSAS este 12 de julio. Cualquier disco, EP, cassette, concierto, dato, proyecto, cómputo, escena & more que merezca la lupa y la oreja de este servidor, pasen la voz.

THE RADIO DEPT. in LIMA [2.07.12] “The Worst Taste in Music” de Pet Grief [2006]

El concierto no estuvo power aunque el público conectó. La oscuridad y la abulia sobre el escenario fueron predominantes (lo cual se agradece siempre y cuando aparezca de repente un destello imprevisto o el pequeño golpe de efecto). Estáticos, acaso demasiado, la sensación de que fue una visita algo protocolar (venían de tocar en Chile y se aprovechó la fecha) quedó flotando en el ambiente. El show de Kinder, puso (Mogwai debe ser una banda de cabecera de estos muchachos y eso es bueno porque Mogwai es de puta madre. Ojo que Kinder saca disco en breve). Resplandor, finalmente, no tocó.

TEGO CALDERÓN en Limonta + EP’s de THE SPIRACLES & HENRY GATES

Aquí pueden ver el video de ‘Fireflies’ de The Spiracles, // un pedazo del concierto (donde gomearon a Paolo Guerrero) del bellaquísimo reguetonero boricua Tego Calderón (y aquí, de paso, mando un abrazo al gran Kenneth Gonzáles quien fue el primero en hablarme del feo de la música puertorriqueña en esa ciudad espejismo que es Binghamton, NY) // y la canción que la da el título al EP de Henry Gates.



[La columna sobre el GRAN Charly va directo del original]

***

DOS MÁS POR CHARLY

 “Si Palito Ortega no aparecía me estaría cortando las venas. El cambio que se ve en mí es muy grande: en lugar de una pared, veo árboles”. El que se sincera es un robusto Charly García. Está convencido de que la ayuda del cantante Ramón “Palito” Ortega lo salvó de la muerte. Tiene una dentadura nueva y una novia de 24 años, Mecha Iñigo, a la que su hijo, Miguel, compara con una prostituta. Para Miguel, su padre ha sido secuestrado por Palito, por Mecha, y por ese cóctel de fármacos (tres antidepresivos, dos ansiolíticos, un sedante y un antipsicótico) que le administran a diario para mantenerlo en paz.

¿Desde dónde regresa el ícono viviente de la música argentina? De tocar fondo. La ciudad de Mendoza, al parecer, lo estimula. En 1983, Charly arrojó un televisor por la ventana de un hotel. Resultado: un año más tarde compuso ese hit que dice ‘Hoy paso el tiempo/Demoliendo hoteles’. En 1987, se bajó el pantalón en pleno recital. En el año 2000, fue él mismo el que se arrojó a una piscina desde un noveno piso.  El 2008, volvió a destrozar la habitación de un hotel y corrió semi desnudo por los pasillos con un extinguidor.


Eso, desde luego, se acabó. Así era Charly. El pasado imperfecto suele ser peligroso aunque hoy parece estar tranquilo. Ha vuelto. El genio, el divo loco, el padre del rock latinoamericano, vuelve a Lima para celebrar sus 60 años de vida. La cita es este 30 de junio en el Jockey Club del Perú. Say No More.

CHARLY GARCÍA  en LIMA [30.06.12] “Nos siguen pegando abajo” de Clics modernos [1983]