Una de las paradojas de lo que, exagerando, denominaré la Efervescencia literaria Marca Perú, es el crecimiento inversamente proporcional de libros, escritores, talleres y editoriales en relación con lectores, críticos y suplementos culturales.

Si los primeros gozan de buena salud y aspiran al superávit, los segundos fenecen sin asco o llevan ya sobre la frente el óleo del enfermo terminal. La mayor de las tragedias de narradores y poetas con un libro recién salido del horno —tragedia que deviene en catástrofe cuando son debutantes o escritores renombrados pero excluidos del circuito librero— es la ausencia de un espacio en el cual puedan ser leídos y comentados con algún rigor. En su gran mayoría terminan siendo emisores sin receptor: sus obras son compradas por amigos y familiares, la perspectiva de que una persona ajena esté interesada en leerlos y reseñarlos es simplemente nula.

La causa principal de esta penosa situación es que, salvo los blogs de dos o tres samaritanos literarios, en la prensa peruana no hay donde ejercer la crítica de libros. Salvo Javier Ágreda de La República y Ricardo González Vigil de El Comercio, cuyas columnas no tienen la regularidad que merecen, la verdad es que los críticos literarios de la prensa han sido exterminados por esa curiosa política editorial que observa a la cultura como un mal menor.

Sin críticos ni reseñas ni lectores ni suplementos, ¿cómo justificar, entonces, esa Efervescencia literaria Marca Perú? ¿Cómo explicar que haya más gente interesada en la literatura cuando hay un serio cortocircuito entre producción y demanda? ¿O es un mito el aumento de proyectos editoriales independientes dentro y fuera de Lima? ¿O es ilusorio el auge de talleres de escritura de ficción y no-ficción que, más allá del nivel del tallerista, agotan sus vacantes y hasta tienen lista de espera? ¿O me imaginé que están apareciendo nuevas revistas y blogs y páginas con entrevistas y periódicos experimentales? Y ya en el límite de la Ciencia Ficción, luego del triste accidente que significó tener de invitado de honor al periodista argentino Luis Corbacho en la anterior edición (los amiguitos de la Cámara Peruana del Libro tienen una debilidad algo extraña y monstruosa por el humor involuntario), ¿cómo explicar el renovado y sincero júbilo por esta nueva Feria del Libro de Lima? ¿Será que el país invitado de este año es Argentina?

Ahora bien, aunque yo he leído y disfrutado los libros de algunos de los escritores invitados y puedo dar fe de su alto nivel, me pregunto sin ninguna malicia ¿cuántos de los asistentes habrán tenido acceso a las obras de Juan Sasturain, Claudia Piñeiro, Diana Bellessi, Martín Kohan, Guillermo Martínez, Félix Bruzzone, Eduardo Rinesi, Pablo Brescia, Miguel Bonasso, Olga Guillot u Horacio González? ¿Es posible suponer que, gracias a esta Efervescencia literaria Marca Perú, el público iría a la Feria del Libro de todas formas, n’importe quoi, así el país invitado de este año fuera Haití o Surinam?

Me aventuro a responder esta última pregunta de manera afirmativa. De la misma manera en que el entusiasmo por la literatura en el Perú aumenta y se fortalece aún cuando los aspirantes a escritores van a perder dinero, no van a ser leídos ni reseñados, y probablemente no sean tomados en cuenta si no tienen un amigo en los medios que les haga la gauchada de conseguirles una mísera mención en la página de espectáculos, el entusiasmo por la Feria del Libro no cesará así el próximo invitado de honor para inaugurarla sea Tongo.

Si esta curiosa bipolaridad está permitiendo que se generen proyectos interesantes, cabría preguntarse seriamente cuánto ganaríamos si empezamos a hacer las cosas con un poquito de sensatez, si modulamos con inteligencia esa Efervescencia literaria Marca Perú que, en estado bruto, ha conseguido mantener nuestra pequeña y curiosa escena literaria a flote.

No sería una idea descabellada empezar con una página de crítica de libros semanal que forme críticos, ayude a escritores, guíe a lectores y de alguna perspectiva a los libreros.

¿Quién de ustedes, santos editores de la prensa peruana, se atreve?