Ilustración de ROBOTV

Mañana (miércoles 25 de julio a las 8.15 PM, Sala Blanca Varela) estaré presentando la edición peruano (Borrador Editores) – mexicana (Librosampleados) de mi novela El círculo de los escritores asesinos (2005) en la Feria Internacional del Libro de Lima (Parque de los próceres en la Av. Salavery, Jesús María). Me acompañarán los narradores Augusto Higa y Francisco Ángeles. Para calentar motores, aquí les dejo un fragmento de la novela narrada por Casandra, la femme fatale del grupo. Es una parte que disfruté mucho escribiendo. Quiero agradecer al artista ROBOTV por la ilustración. Sus magníficos dibujos los pueden encontrar en esta web

Si estás en Lima, ¡nos vemos mañana!

D.

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MIL NOVECIENTOS NOVENTA Y SEIS

Cuando pienso en mi familia asoma el recuerdo de una madre inútil y de un hermano matón. No pienso mucho en ellos pero, si lo hago, me veo en el Regatas Lima en una tarde cualquiera de verano. Mi padre cuenta chistes de homosexuales y sé que se acuesta con la mujer de su socio (una señora atractiva y mucho menos idiota que mamá). Tengo muchos pretendientes, todos blancos y espigados (en el club, los negros y los serranos entran sólo con uniforme), y dos amigas que envidian mi belleza y mi sinceridad. Sé que mi tío Manolo siempre me ha deseado. Es el único soltero de la familia de mi madre y al único al que puedo soportar. Mi hermano abusa de un chico afeminado que se ha enamorado de él. Se llama Miguelito y será un gran artista. Sospecho que Nicolás le ha mostrado sus partes en el baño (seguro se abrió la toalla y le puso en la cara su pene fláccido). Miguelito está confundido. Miguelito hace sufrir a su padre cuando el mío cuenta sus chistes y todos sus amigotes se ríen. Los amigos de mis padres son todos católicos. Los únicos que no creemos en nada somos mi tío Manolo y yo (pero en mi familia nadie lo sabe). Voy a misa todos los domingos. El cura de la parroquia es amigo del cardenal. El cardenal es famoso porque dijo en una homilía (¿o fue en la televisión?) que «los derechos humanos son una cojudez». Mis padres se reúnen con los miembros del Opus Dei de vez en cuando. Recuerdo que la última vez, mi madre estaba muy contenta porque había propuesto una obra de caridad para ayudar a los más necesitados del país. Lo recuerdo bien porque fue el mismo día que le dijo a Mercedes que era una «chola analfabeta». Mercedes es de Huánuco y tiene un uniforme negro que mi madre la obliga a ponerse. Dice que se ve mejor y que así la convivencia es menos conflictiva. Mercedes no sabe leer. A ella le gustaría estudiar pero mis padres no la dejan. No quieren que vaya a la escuela nocturna porque dicen que se va a embarazar. Mercedes tiene unos ojos preciosos y dice que nunca llora. Nicolás la llama chola por las mañanas y por las tardes, pero sé que por las noches la espía cuando se baña. Mercedes me cuenta leyendas y mitos de su tierra cuando mamá se ha ido con sus amigas del Opus. Me dice que trabaja con nosotros porque tiene que enviar dinero a Huánuco. Lo que más le gusta es irse con mis padres a la casa de playa en Asia. Tiene unas ganas locas de bañarse en la piscina, pero las reglas dicen que las empleadas domésticas no pueden ponerse ropa de baño. Yo nunca voy a Asia. Cuando mis padres se van a la playa, me voy al cine. Miguelito me acompaña a la Filmoteca (ninguna de mis amigas del colegio conoce el Centro de Lima) pero, a veces, voy sola (a escondidas de papá). Mi tío Manolo me invitó una vez al cine. Vimos La cérémonie de Claude Chabrol.[1] La película me impactó mucho. En ella, Sophie, una empleada doméstica iletrada y su amiga Jeanne, la dependienta de una oficina de correos, asesinan a la familia rica de la casa en la que trabaja Sophie. Les disparan a sangre fría mientras están mirando una ópera en la televisión. Recuerdo que esa noche soñé que Mercedes nos asesinaba a tiros. Luego se ponía la ropa de baño inglesa de mamá y se metía en la piscina para limpiarse nuestra sangre. La película de Chabrol también me hizo pensar mucho en mi tío Manolo. Mi madre siempre dice que es la oveja negra de la familia, un vago mantenido y un artista segundón. He visto los cuadros de mi tío y puede que, en lo último, tenga razón. A mi mamá le hubiera gustado que mi tío tuviese talento. Siempre afirma que su hermano ideal sería Alfredo Bryce Echenique. Tiene todas sus novelas y dos de sus amigas le han prometido que, cuando venga a Lima, si no está borracho, se lo van a presentar. Mi papá, por el contrario, no lee ni por error. Mi hermano menos. En el colegio, todas las chicas han leído a Jaime Bayly y les encanta. Mi tío Manolo me ha dicho que mejor no lo lea y me ha regalado, a escondidas, Under the volcano de Malcolm Lowry.[2] La novela de Lowry también me hizo pensar en él. Tuve un sueño el otro día: mi tío Manolo me llevaba a la Filmoteca para ver una película de Bergman (¿El séptimo sello?, ¿Las fresas salvajes?); era un filme que ya habíamos visto (¿Gritos y susurros?, ¿Sonata de otoño?, ¿Persona?), pero no importaba. En la sala no había nadie. Como mi tío siempre ha sido un hombre tímido, fui yo la que le pedí que me besara. Cuando lo hizo, cerré los ojos con fuerza. Al abrirlos, mi tío había desaparecido y, en su lugar, besaba a Miguelito que me agradecía mi afecto pero me decía, llorando, que estaba enamorado de Nicolás. Mi herma- no una vez le pegó en el Regatas «por rosquete». Mi padre le pidió disculpas hipócritas al papá de Miguelito y, luego en casa, estuvo bromeando al respecto. Mi papá quiere mucho a Nicolás, para él es su orgullo. A mí me llama princesa y a mi hermana Andrea, conejito. Estamos en el año mil novecientos noventa y seis y tengo dieciséis años. En el año noventa y siete, Mercedes será despedida de la casa. Un conocido de papá la ayudará a abortar al bebé de Nicolás y luego le darán un boleto de bus para que regrese a Huánuco. En el noventa y ocho, mi tío Manolo se ahorcará en su estudio y me dejará una carta de amor que nunca leeré. ¡Eric Rohmer estrenará su Conte d’automne![3] En el noventa y nueve, dejaré de ser la princesa de mi padre y me iré a vivir sola en Miraflores. Mi hermano atropellará ebrio a un hombre, pero nunca irá preso. Meses más tarde, será internado en una clínica de desintoxicación. Mamá conocerá, por fin, a Bryce Echenique y papá y sus amigos dejarán de ser fujimoristas. En el año dos mil, conoceré a Matías en una fiesta de Sociología de la Católica. Caerá la dictadura y el papá de Miguelito irá preso. Conoceré también al Chato, a Larrita, a Ganivet y a Emilia en un bar mortecino del Centro de Lima. Pasaré a llamarme Casandra Parker. Crearé el Círculo en una noche de ebriedad y lo destruiré, dos años más tarde, en otra de locura. ¿Qué es el Círculo?, me preguntará Matías intrigado, ansioso, y yo lo responderé que es el horror, Matías, el Círculo es el horror…


[1] La cérémonie (1995) de Claude Chabrol.

[2] Under the vulcano (1947), novela de culto de Malcolm Lowry, el verdadero escritor maldito de la literatura inglesa.

[3] Conte d’automne (1998) de Eric Rohmer.