“SABOR MIX. Libros que me llegan…” es una nueva sección de mi blog que aparecerá cada vez que sienta la necesidad de comentar algún libro de ficción o no ficción. Las reseñas serán, por lo general, muy breves. No tengo idea de la frecuencia de su aparición. Aquí, por lo pronto, van dos.

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Miss Tacuarembó
DANI UMPI
[Buenos Aires: Interzona, 2004; Ediciones Dani: 2010]  190 pp.

Músico, performer y escritor, el uruguayo Daniel Umpiérrez (Tacuarembó, 1974) —quien firma reduciendo su nombre a Dani Umpi—, es un artista surgido de la escena underground rioplatense. Aunque Umpi es conocido sobre todo por su carrera musical, sus apariciones mediáticas en Montevideo y Buenos Aires, y sus inusuales shows en vivo que combinan lectura, música y monólogos donde improvisa y se traviste, su proyecto narrativo es uno de los más interesantes de los surgidos en América Latina en el último decenio. La frescura y el humor de su voz, la incorporación natural de elementos de la cultura popular que desacralizan el aura solemne de lo literario con mayúsculas, y sus entrañables personajes desestabilizados, histéricos y disfuncionales, le han dado a su escritura un estilo personal identificable al que ha llegado con escasos tres libros (Aún soltera, Miss Tacuarembó y Solo te quiero como amigo).

Miss Tacuarembó nos cuenta la tragicómica historia de Natalia  —la narradora personaje— y su único amigo, un chico gay llamado Carlos, en Tacuarembó, una pequeña y monótona ciudad al interior de Uruguay. Natalia y Carlos son outsiders casi sin saberlo porque, al igual que los personajes de Manuel Puig, quienes se refugian de la realidad en las salas de cine de General Villegas o narrando oralmente los argumentos de cintas de Hollywood al interior de una cárcel —pienso aquí en La traición de Rita Hayworth (1968) y en El beso de la mujer araña (1976), respectivamente—, su escape diario se da a través de las  telenovelas venezolanas (su favorita es Cristal con Jeanette Rodríguez), la película más famosa del grupo Parchís (Parchís: La guerra de los niños), las coreografías de Flashdance que ensayan usando la popular canción de Irene Cara, la música de Enya, sus conversaciones y cantos religiosos a la estatua de Cristo que hay en la Iglesia del pueblo y, sobre todo, gracias al mundo de los perfumes y fragancias mediante el cual Natalia, vendedora estrella del mall, establece sus vínculos, afectos, juicios y rechazos:

“Veo que no me ha hecho caso, pues en lugar de llevar una discreta fragancia cítrica, es el responsable de impregnar tres cuartas partes del ómnibus con un Le Male obvio, sin diluir, plagado de lavandas y molestas brisas de mar. ¡Por Dios! Odio los perfumes de Jean Paul Gautier, tan grotescos y atropellados. El que lleva Enrique es horrendo, pero la versión femenina es peor aún.” [157]

 “Mi madre con un poco de Anaïs-Anaïs  no estaría tan mal si no hablara, si no la conociera. Pero al abrir la boca todo se volvería una contradicción.” [51]

La segunda novela de Umpi —que fue llevada a la pantalla grande en 2010 con Natalia Oreiro en el rol principal y bajo la dirección del artista uruguayo Martín Sastre—, a través de la luminosidad aparatosa del reality, el desenfado del chisme convertido en género literario y cierta sensibilidad kitsch (que remite a las primeras películas de Almodóvar y a los experimentos camp de John Waters), recuerda con nostalgia toda la época ochentera y noventera en la que la influencia masiva del pop y las series estadounidenses transformaron la vida de la clase media latinoamericana. Miss Tacuarembó presenta a Dani Umpi como una voz privilegiada en el concierto literario de la región, una voz singular que ha sabido modular lúdicamente y llevar hacia su propio terreno la herencia de un escritor medular en el desarrollo de las letras hispánicas. Estar a la altura de Manuel Puig y seguir produciendo sin perder la brújula, no debe ser fácil.

Umpi lo ha hecho.

[Adquirí Miss Tacuarembó a un precio módico en el stand de las editoriales Casatomada de Lima y Ciudad Editorial de Arequipa en la última FIL de Lima]

[Solo te quiero como amigo se publicó en Lima con el sello Estruendomudo. La edición está agotada]

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Pandilla interior
JUAN CARLOS MÉNDEZ
[Lima: Santo Oficio, 2010]  161 pp.

Aunque no fue mal recibida por la crítica (ese pequeñito y, a veces, espectral grupo  de dos o tres héroes persistentes que sobreviven en los diarios locales) el año en que apareció, Pandilla interior, primera nouvelle del escritor y periodista peruano Juan Carlos Méndez (Lima, 1976), es una de esa obras raras que, sin generar todo el ruido mediático que merecen, consiguen colocar a sus autores en un lugar expectante.

Y es que, a diferencia de muchísimos tímidos debuts, ya desde el epígrafe (“Allí donde huele a mierda huele a ser”) de Antonin Artaud —poeta surrealista, actor de Gance y Dreyer, y uno de los teóricos y dramaturgos más lúcidos de la historia intelectual del siglo XX—, Pandilla interior se muestra, desde el inicio, como una novela distinta, no tanto por lo que cuenta sino por la manera en que Méndez, dramaturgo él mismo, usando los mecanismos de la farsa teatral y el tono de la sátira, consigue darle forma a un lenguaje colorido, rítmico y soez—el cual, por momentos, pareciera remitir al Retablillo de Don Cristóbal de Federico García Lorca— en donde se fusionan el habla coloquial, la jerga lumpen, el registro periodístico, el chiste vulgar, la expresión de doble sentido, el arcaísmo, el diminutivo y la onomatopeya:

“Entonces jalole los pelos y besole los labios con su pérfida, osada e insaciable lengua. Arrancole los botones de la blusa, destrozole el sostén (que no era 36B) y acariciole los pezones (en ese momento ya erectoles), mientras ella ronroneaba: ‘no hagas eso, no, sí, no, sí, no, sí, ay.” [90]

 “Se desmayó. ¿Cómo había sucedido? Nada del otro mundo. Simplemente había sentido un pequeño comezón en el bajo vientre. ¿Los hongus malus o la pichi traicionera? —se preguntó Charlemagne, perdiendo el hilo de la fantástica historia que la pantalla del cine irradiaba.                                                                                                                                                                                                           —Mamma Mela, tengo que ir a luchar por la justicia.                                                                                                                                 —Compra puchos —le respondió una sombra technicolor que tragaba con delectación puñados de canchita salada.” [33]

Dentro de la crítica social que realiza a través del uso de la sátira (el lamentable estado del periodismo y la corrupción política son dos de sus blancos primordiales), Pandilla interior tiene el acierto de estar mucho más cerca del esperpento Valleinclanesco y del absurdo que de cualquier realismo o costumbrismo rancio (el tiempo y el espacio tienden a ser relativos y a ocultarse tras sobrenombres que remiten al objeto designado: por ejemplo, en vez de Lima será La Horrible) pero, al mismo tiempo, abusa por momentos de la caricatura y de las frases que repite su personaje principal, el antihéroe Charlemagne, para cerrar algunas de las breves secciones del libro (“ohhhhhhhhhh musa”).

Estas pequeñas costuras, propias de casi todo primer libro, no disminuyen el alto valor de Pandilla interior como una novela arriesgada y saludablemente atípica dentro de la tradición narrativa peruana. Méndez anuncia nuevo hijo literario pronto. No deberá pasar desapercibido. Aquí, por lo pronto, lo esperamos con muchísimo interés.

[Adquirí Pandilla interior a 30 soles en la librería El Virrey]